MALAQUITA


    Debe su nombre a su color malva verde, de origen griego, “Màlache”.

    Dur., 3,5 a 4; P.E. 3,8 a 4,1; Ind. 1,655-1,670. (For) Co3 Cu2 (OH)2 (Bi).

    Es un carbonato básico de cobre, y cristaliza en el sistema monoclínico; es muy frágil y se fractura muy desigualmente, y su clivaje es fácil, si lo hace un experto. Al fuego se ennegrece, y es soluble a los ácidos, con efervescencia en el amoniaco. Su color es un verde más o menos oscuro, con vetas encintadas, debido al óxido de cobre. En conjunto, es opaco y algunas veces un poco transparente. Se encuentra asociada a la azurita, limonita, crisocola, etc.

    Sus yacimientos más importantes están en los Urales centrales; también se encuentra abundantemente en África, Perú, Estados Unidos, Alemania, Australia, Francia.

    Se utiliza en joyería en talla cabujón y en forma de “baguette” para collares, y como ornamentación en copas, vasos, etc. En el vaticano existe gran cantidad de esta gema, en diferentes objetos y aplicaciones de gran riqueza. Son famosos los vasos, pitilleras, cajas y otros objetos de arte de los emperadores rusos, realizados con este material que se conserva en el antiguo palacio de invierno de los Zares, hoy museo Ermitage en San Petersburgo.

    La columna del templo de San Isaac en San Petersburgo es famosa.

    Se aviva su brillantez con la rueda de estaño y limpiándola con agua jabonosa después. No debe admitirse la “azurita” bajo el nombre de Malaquita azul.

    Antiguamente, como amuleto, le atribuían la virtud de proteger contra el encantamiento, muy usado para niños pequeños.

    En el museo Metropolitano de Arte de Nueva York se encuentra un hermoso jarrón de malaquita que mide 2,40 metros de altura, procedente de la casa Vanderbilt  que lo tenía como adorno en su casa de la Quinta Avenida de la citada ciudad.

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