MARCASITA (o Marquesita)


    Dur. 6-6,5; P.E. 4,8-5,2. Piedra de la familia de los minerales mtálicos, un sulfuro (For) S2 Fe. Pirita blanca.

    Fue Benbenuto Cellini quien dio nombre a la “marcasita” al ofrecer a su esposa algunas joyas adornadas con esta piedra.

    En el siglo XVIII, la marcasita conoció un éxito inimaginable y fue considerada como una piedra fina en joyería. Además de adornar las joyas, se le veía en las hebillas de los zapatos de los nobles, en las cajas de rape elegantes, en las espadas de ceremonia de los militares e incluso en las jarreteras, brillando al lado de los rubíes, esmeraldas, perlas, etc. A partir de la época plateresca o churrigueresca hasta nuestros días, las marcasitas han conocido a través de los siglos los altibajos de la moda. De los periodos de la gloria ha pasado por algunos eclipses, pero nunca ha desaparecido por completo. Durante el segundo Imperio, la emperatriz Eugenia de Montijo se dejo conquistar por la “marcasita”, y se hizo montar algunos aderezos muy a la moda de 1846. La princesa de Meternich, en Austria, y la esposa de Rimsky-Korsakoff, en Rusia, dos de las mujeres más célebres de sus tiempos, pusieron de moda las joyas de marcasita luciendo collares y aderezos completos combinados con gemas y marcasitas.

    Hoy, la marcasita resulta mucho más bonita que antes. Los joyeros modernos han elegido esta piedra para adornar sus joyas de fantasía. El brillo de este mineral se presta admirablemente para la bisutería fina.

    La técnica de lapidación de la marcasita se presenta actualmente muy perfeccionada. Apenas extraídos los bloques de mineral son minuciosamente examinados y seleccionados; aquellos que se consideran aptos para servir como piedra de adorno, se separan de la ganga y son lavados cuidadosamente.

    La fabricación propiamente dicha empieza en la aserradura de es estos bloques, la cual necesita tres operaciones distintas realizadas con sierras diamantadas. Sucesivamente se obtienen placas, varillas y diminutos cubitos cuya dimensión es casi igual a la definitiva, es decir, la marcasita se montara en la joya. Antes de la lapidación última, las marcasitas son redondeadas y sometidas a la acción de la muela, con lo cual se obtiene en la una superficie multitud de facetas que, a su vez , son cuidadosamente pulidas por otra muela especial. Cuando estas tres operaciones; aserradura, tallado y pulido, están terminadas, las marcasitas pasan por manos de las obreras especializadas que las seleccionan y evalúan según su calidad. Luego, van a manos de otros obreros que con aparatos de precisión ingeniosamente construidos las clasifican según su tamaño.

    Las marcasitas van casi siempre montadas en plata de ley que, actualmente esta rodiada, y tienen que ser montadas y engarzadas a mano. Es por esta razón que las joyas que llevan marcasitas representan un verdadero trabajo de joyería que conserva a través de los años un valor efectivo comercial.

    Aunque las minas más importantes de marcasita estén en los E:E:U:U:, Italia, Sajonia, Bohemia, Escandinavia y Brasil, es en Suiza donde se produce la mayor cantidad de marcasitas, por lo menos en lo que concierne la lapidación, preparación, etc. Que dejan la marcasita lista para ser engarzada por la mano hábil del joyero. Al igual que las piedras preciosas la marcasita, propiamente dicha, tiene una composición de bisulfuro de hierro cristalizado en forma romboide; otra, la de sulfuro de hierro cristaliza en forma cúbica, llamada pirita. Estas dos materias son tan duras como el acero y conservan su brillo a través de los siglos, como han demostrado los grandes pedazos de marcasita pulida que fueron hallados en algunas tumbas incas.

    La marcasita se talla en redondo y en forma de pirámide de seis facetas, cuya base es plana. También se puede imitar la marcasita con cristal moldeado, dándole el color y el brillo de la verdadera; pero esta imitación es fácilmente reconocible por quien está familiarizado con la marcasita original.

    La moda joyera de hoy día combina la marcasita con perlas y con gemas de color, especialmente la amatista, el ónice y el jade.

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