OPALO


    Es un anhídrido silícico hidratado, mineral abundantísimo en la naturaleza. La sílice forma la mayor parte de la corteza terrestre.

    El ópalo es menos abundante, pero cuando no es noble, se encuentra en muchísimos sitios: todo el este y sur de Madrid está lleno de ópalos comunes, por ello el ópalo hay que dividirlo en dos grandes grupos: ópalos comunes y ópalos nobles, los primeros no son tallables, y por tanto no son piedras preciosas.

    Es, pues, el ópalo químicamente, Sílice con cierta cantidad de moléculas de agua SiO2 nH2O, este material no tiene estructura cristalina: es un “gel” de sílice solidificado y es uno de los pocos materiales amorfos con categoría de gema.

    Dur., 5,5 a 6,5; P.E., 2,10 (Mo); I.R., 1,45, examinados bajo los rayos ultravioletas da una fuerte fluorescencia que varia del blanco al verde brillante y es fuertemente excitable bajo los rayos de onda corta; pero se exceptúan de estos efectos los ópalos negros y práseos americanos y el verde de Silesia.

    En los ópalos podemos considerar las siguientes variedades:


    Ópalo blanco.


    Presentando un bello juego de colores, sobre fondo blanco


    Ópalo Negro


    Cuando el fondo es negro y blanco


    Ópalo de fuego


    Ligeramente translúcido o transparente con un fondo de color naranja más o menos intenso y con frecuencia en un juego de colores.

    El ópalo negro que se encuentra en Australia es el de mayor valor  y el más bello de todos los conocidos, pues en realidad no es negro, sino de color azul, gris azulado e incluso verdoso y se llama negro porque yace sobre una capa de limonita de color muy oscuro y que suele tallarse en la misma piedra.

    Normalmente este ópalo es muy delgado pues suele cortarse en láminas que se sueldan a una base de ónix negro y se llama ópalo ónix. Y cuando se talla sobre limonita se llama ópalo matrix, estos ópalos producen unos efectos maravillosos descomponiendo la luz dando colores verde, azul, violeta, perfectamente separados.

    Durante muchos años se ha creído que el fenómeno de la difracción de la luz observado en los ópalos era producido por la interferencia de la luz al chocar lo rayos reflejados en la superficie por los rayos que una vez refractados sufren en el interior de la piedra la reflexión total y vuelven a salir chocando con los anteriores.

    Pero en el año 1965 el gemólogo doctor Sanders descubrió la causa observando un ópalo negro australiano con un microscopio electrónico vio que el ópalo estaba formado por esferas ligeramente aplanadas colocadas unas junto a otras de manera rectangular, formando filas paralelas y al estar juntas dejaban entre cada cuatro esferas un espacio vacío y la luz al atravesar estos espacios vacios colocados en forma regular, se descompone, emitiendo variaciones de longitud de ondas que varían del rojo al violeta.

    Al mover la piedra varían los colores a consecuencia del diferente ángulo del incidente. Por el contrario, la observación de los ópalos comunes o de otros que no dispersen la luz es el resultado de ver que estas esferas ni eran perfectamente regulares, ni estaban colocados de forma paralela, sino todo lo contrario, prácticamente se amontonaban.

    Existen unas numerosas gamas de nombres de ópalos unas veces justificando el país de origen, por ejemplo: ópalo de Ceilán o azteca, otras al producto al que se parecen, por ejemplo: ópalo ámbar, ópalo de madera o leñoso, ópalo lechoso. Ópalo “Butterfly” por su apariencia a las alas de mariposa, también por los coloridos: ópalos blancos, ópalo arlequín, en que sus diferentes colores parecen un mosaico que recuerda el traje del arlequín, etc.

    Siendo gema de gran lucimiento por las riquezas de sus luces, presenta la desventaja de perder fácilmente el pulimento de sus facetas y ser afectada por el cambió de temperaturas, al extremo de poder rajarse la piedra.

    Los ópalos son las piedras más bellas para montar en aderezos, y junto con diamantes y rubíes producen excelente efecto, sobre todo cuando los ópalos son grandes. Pero hoy no es admisible esta moda. Lo frecuente es en anillos, centros de broches y collares.

    Se tallan en generalmente en cabujón y también en forma ovalada, el ópalo negro y ópalo de fuego, en talla brillante o esmeralda, frecuente con la tabla principal, en cuya forma de domo, y parecido al “navette”. Su poca dureza se presta a trabajarlas y pulirla de la manera siguiente: primero se moldea o da forma con esmeril fino, trípoli y agua, enseguida se frota con una laminilla de estaño y finalmente, se le saca lustre frotándola cuidadosamente con una piel de ante. Cuando son de color débil y de suficiente transparencia, se monta en forma que el metal la cubra en parte por un lado, el anverso, y le dé así color más oscuro.

    El ópalo negro australiano se pide mucho siempre, y sobre todo en Estados Unidos, advirtiendo que se encuentran pocos de calidad. Los precios de otras variedades son infinitamente más bajos, y siempre estas piedras tienen el problema de su fácil resquebrajamiento.

    Es piedra muy difícil para grabarla con carácter artístico, y la mayor dificultad del grabado sobre el ópalo es la infinidad de grietas que contiene y que al ser destruido lo despoja de aquellos hermosos reflejos que constituyen su mayor encanto.

    A pesar de todo, se citan con frecuencia de dos grabados sobre ópalo primorosamente ejecutados: uno representa una cabeza de Safo, y otro, una cabeza de Juba, y esta última pieza perteneció a la colección del duque de Orleans.

    En la biblioteca Nacional de Paris existe un ópalo, bastante notable, con un grado de máxima belleza que representa la cabeza de Luis XII.

    También se cita como ópalo famoso, el poseído por Nonnius, senador romano, que tenía el tamaño de una avellana y que el triunviro Marco Antonio quiso apoderarse de él.

    Un ópalo negro de 203 kilates fue regalado a la reina Isabel de Inglaterra durante su visita a Australia en 1954, otro magnífico ópalo fue regalado por el gobierno australiano al rey de Camboya.

    El ópalo llameante es muy raro, si se le ve recibiendo la luz encima de la piedra, surgen verdaderas llamas de color amarillo al rojo, de un efecto extraordinario. Son llamas vivas y móviles.

    Se relata que la emperatriz Josefina, primera esposa de Napoleón, yuvo uno del tamaño de una >nuez al que se le dio el nombre de “El incendio de Troya” y se han encontrado algunos ejemplares en la India y México.


    Imitaciones del Ópalo.


    El ópalo se ha imitado desde la antigüedad, pero actualmente la mejor forma de hacerlo es a base de un doblete, constituido por un cabujón de cuarzo al que se le pega en la base una laminilla de nombre perla, color blanco, que parece que produce el fenómeno de la dispersión de la luz y también hay  imitaciones de vidrio que una vez calientes se sumergen en aguas teñidas de colores en donde se hierven y con el enfriamiento rápido producen resquebrajaduras en el cristal que se llena de l tinte.

    El cuarzo irisado presenta también bellos reflejos de colores, pero menos, siempre que los del ópalo y se aumenta los afectos sumergiendo la piedra en agua hirviendo y pasándole rápidamente agua fría produciendo se unas finas grietas que aumenta la irisación.

    Son varios métodos de imitación, con resina sintética, con una lámina de nácar entre dos cristales y es la industria alemana quien la imita a la perfección.

    También se talla en láminas de ópalo, con lo que se construye un doblete cuya parte inferior es el ópalo matrix o de ónix negro y para descubrirlo se precisa un cuidadoso examen a lupa.

    Por P.E. puede diferenciarse el ópalo P.E. 2,1, de sus imitaciones de, baquelita (1,26), vidrio opal (2,40)

    Si se emplea el bromoformo diluido con benceno a densidad conveniente, el ópalo de fuego puede sumergirse en este líquido sin sufrir daño, con la condición, de secarlo rápida y cuidadosamente después de la prueba.

    Por el método de la balanza hidrostática, el agua destilada no perjudica a la piedra, pues si bien el agua les quita brillantez, la misma reaparece al secarse completamente.


    Yacimientos


    Casi la totalidad de los ópalos vienen de Australia. Nueva Gales del Sur, donde están los más valiosos, sobre todo los ópalos negros en Queensland, se encuentra las arenas y en la parte volcánica de los montes, el ópalo blanco se encuentra en Hungría, Honduras, etc. En México se produce el ópalo de fuego y el ópalo de agua, el primero de color naranja y el segundo, casi transparente y cuya explotación es muy antigua, pues los aztecas ya la explotaban y se la dieron a conocer al conquistador Hernán Cortés.

    En 1855 se descubrió en Querétaro la mina llamada del Iris, de la que se extraen bellas y abundantes piezas.

    También en Brasil está actualmente obteniendo ópalos en cantidades muy apreciables y en buenas calidades, siendo sus compradores más interesados los japoneses.

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